¡Hola, Sra. Quietud! Le escribo porque hemos estado conviviendo juntas más de dos meses y medio, y siento que ya es tiempo de decirle algunas cosas…
Usted me ha hecho reflexionar tanto (en la fragilidad de mi vida), me ha llevado a examinar (mis creencias, mi fe, mis limitaciones y mi propio carácter), también a contemplar con ojos más sensibles el valor de lo más simple y automatizado que tenemos: estar de pie y caminar. ¡Ha logrado que volviera a retomar tiempos, compromisos, hobbies y tanto más que había dejado a un lado o que poco hacía! ¡Y también me ha sacado lágrimas y días nublados! Me has llevado por casas, personas y lugares de bendición y me paseaste por los pasillos del sanatorio más veces de lo que alguna vez fui. Abriste la puerta de la incertidumbre más que nunca y mi casa se llenó de preguntas, suspiros y metas (la rehabilitación física, por ejemplo).
Si tuviese que dejar la palabrería y sencillamente resumir este encuentro con usted, diría que, con todo esto, me esta permitiendo crecer, madurar y aprender. Que un partido de fútbol puede cambiarte la vida en un minuto. Que los altos de Dios hay que atenderlos y que él puede quitar y dar lo que le place. Que corriendo no se aprecian los detalles extraordinarios de lo cotidiano. Que hay tiempo y oportunidades que no vuelven. Que los amigos y la familia son extensiones de amor y gracia del Padre. Que hay un genuino gozo en la prueba y que Jesús sigue siendo suficiente aunque el piso de mi vida se mueva debajo de mis pies.
¡Señora quietud, usted realmente sí que es asombrosa! Muchas gracias porque se deja usar en las manos del alfarero como una interesante herramienta para seguir moldeandome a su imagen y semejanza. Sepa que me ha llevado a unirme más al Padre y a caminar más en las enseñanzas de mi amigo Jesús. Sepa que me ha hecho despertar de algunos sueños que estaban escondidos y que a raíz de su presencia en esta prueba, el Señor le ha usado para añadir a mi vida una mayor resistencia y fortaleza, paciencia, conocimiento, fe, que, sin escatimar, está produciendo en mi un carácter más perseverante y puro como el oro. Y sepa también que no solo me ha servido a mí, sino a los que a mi alrededor están, dejando ver destellos de la Gloria de Dios en mi peregrinar. ¡Porque usted y yo sabemos que estamos por aquí de paso!
Bueno, creo que después de todo no estuvo mal que llegara sin avisar, ahora entiendo que siempre se trató de un plan celestial para este tiempo, y que aunque no tenga la respuesta de todo, me basta la gracia para creer y confiar que algo mejor y eterno vendrá.
Solo para terminar, es cierto que todavía no se va, pero cuando lo haga, muy probablemente le vaya a extrañar (como muchas otras cosas más), pero no será hasta entonces que nos volvamos a encontrar, en un descanso, en un paisaje, en un campamento o campaña, en una mirada o en una prueba de vida momentánea.
Sra. Quietud, le digo algo? ¡Ya soy un poco mejor que ayer! ¿¡Cree usted que ya estoy lista para otro partido de fútbol!?

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